En
el día de videojugador nacional de Venezuela (el 3 de marzo de todos
los años desde el 2009, día de la aprobación de la Ley para la
Prohibición de Videojuegos Bélicos y Juguetes Bélicos).
Como
la Ley orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana no termina
de quedar bien y sigue acumulando remiendos, sería bueno abrir otro
frente de análisis y reforma necesaria: la Ley contra los
Videojuegos Bélicos del 2009.
Vamos
a sincerar la cosa. Esa “Ley para la prohibición de videojuegos y
juguetes bélicos” fue una carta que el otrora partido oficialista
PPT se jugó para ganarse algunos puntos con el Comandante cuando era
su jefe. Bastó un comentario en contra de la Playstation (sin
conocimiento de causa, ni de pronunciación) para que el aparato
legislativo apretara sus botones con el siempre bien intencionado
argumento de salvar a los niños de la violencia.El resultado fue una
ley poco propositiva que censura los videojuegos incluso para la
gente adulta.
Algunos
diputados argumentaron que debían ser ejemplares al eliminarlos por
completo, porque hacer una clasificación por edad, como la hay en
otros países, hubiese sido hipócrita en un país que quiere la paz.
En
varias ciudades se hicieron piras para quemar videojuegos, con el
aplauso de los mismos padres que los compraron sin preocuparse por la
edad indicada en el empaque. Poco avanzó esa misma Asamblea en la
ley de desarme de unas 9 millones de armas reales que andan ilegales
en la calle.
Muchos
queremos la paz, pero también entendemos que el alcohol y los
cigarrillos tienen una clasificación de edad y no se pide que sean
prohibidos en su totalidad para dar ejemplo. El consumo de
videojuegos, que es un arte, un lenguaje y una cultura de nuevo cuño,
se ve afectado por esa ley. Hoy crece el mercado negro en el sector,
el articulado no promueve el desarrollo de videojuegos en la
industria nacional y su interpretación sigue dependiendo de la saña
por decomisar que tenga el funcionario de turno.
La
ley en realidad no contó con las investigaciones necesarias para
dictaminar la relación entre el consumo de videojuegos y la pandemia
de la violencia social. No hay una cifra que indique cuántos
privados de libertad entraron al mal camino por jugar Counter Strike,
consumen drogas por ver a Pac Man tomando esteroides o cometieron
asesinatos por ayudar a Mario Bros a saltar sobre una tortuga.
Seguramente el jefe de la banda Los Invisibles no se entrenó jugando
nintendo.
Tampoco
hubo un estudio de mercado. Al menos uno que determinara que prohibir
los muñecos con puños arrojadizos era inútil porque desde Mazinger
Z ninguno más lo hace. Los ciudadanos pagamos la factura de que a
algún diputado no le regalaran su Mazinger de niño.
Se
argumentaron casos como el de “Mercenarios 2”, un videojuego
flojo y no muy popular que se ambientaba en Venezuela con un asesino
contratado para acabar con PDVSA y políticos locales. Fue acusado en
el hemiciclo de la Asamblea pero no jugado: a la mitad de la historia
el mercenario cambia sus objetivos y apoya al gobierno nacional. En
los créditos del juego se saluda y agradece a la revolución
bolivariana. Un punto menos para la conspiparanoia local.
También
se ha hablado de “Call of Duty: Black Ops”, donde una misión es
acabar con Fidel Castro. Eso fue suficiente para levantar las alarmas
y asegurar que el juego intentaba manipular la mente de los jóvenes
para atacar la isla. Pero es falso. En el juego disparas contra
Fidel, pero resulta ser su doble, luego el verdadero te captura y te
deporta a Rusia. En el juego sólo fuiste un soldado fracasado más
de la invasión gringa a Bahía de Cochinos en 1962. Si los juegos
los fabricara la CIA, no se humillarían así.
Los
milicianos criollos se están perdiendo la oportunidad de vivir
virtualmente múltiples victorias y enseñanzas de estrategias de
guerra más reales que las que le ofrece el sombrero zamorano de
paja. Los videojuegos, si bien los bélicos no son para niños y
jóvenes, en espacios controlados pueden significar ocio planificado
y catarsis de tensiones. Incluso se desarrollan aplicaciones
similares para simular desde vuelos hasta escenarios de gestión de
crisis.
Los
videojuegos permiten incluso recrear escenarios históricos como la
gesta independentista en Age of Empires III, un juego de estrategia
bélica en el que aparece brevemente Simón Bolívar derrotando a los
españoles. Por ley estaría prohibido incluso promover este tipo de
cosas, así que recomendamos eliminar la ley y discutir el tema, a
ver si nos sale mejor.
Luis
Carlos Díaz
@LuisCarlos
PD:
Agradezco profundamente a Luis Carlos Díaz por permitirme publicar
este recordatorio de una Ley que impide el desarrollo del ocio
digital y de una industria nacional, en una de las áreas más
importantes de la nueva economía mundial, porque estemos claros, los
videojuegos de barbie sembrano plantas, no son para todos. .