Muchas empresas parecen estar
confundiendo la Acción Social con la Responsabilidad Social Empresarial. La Responsabilidad Social Empresarial (RSE), debe ser compatible de aplicar al conjunto de operaciones productivas y de gestión del negocio. Y esta parte se encuentra en prácticas estratégicas globales con estándares mínimos de exigencias legales. Lo contrario, puede llevar a dichas organizaciones en un momento determinado a incurrir en
grandes gastos que a la final no serán compatibles con lo que a nivel global se
exige en la materia.
Todo consultor en materia de RSE
tiene la responsabilidad de asesorar a su cliente y señalar cuando está
realizando acción social y cuando es Responsabilidad Social Empresarial.
De allí que no se debe tratar de adaptar la
herramienta RSE a la estrategia del negocio según el país, sino bajo los
estándares globales, de manera de no afectar a la empresa a futuro.
Si la Responsabilidad Social
Empresarial (RSE) no se transforma en mejora a la competitividad de la organización y sus
propios resultados frente a temas bien concretos como laboral, ambiente, entorno social, simplemente debe calificarse como Acción Social. Esto es, a manera de ejemplo, "regalar" o "donar" dinero a ONGs, por el mero hecho de completar la lista de RSE del año, y no como parte de una estrategia de rendimientos futuros para la propia empresa.
A la larga, por muy buenos intereses que manifieste la Acción Social, esta no da a la larga ni buenos resultados
para la empresa ni para sus stakeholders o grupos de interés. En otras
palabras, la RSE vista como Acción Social, solo se estaría plasmando como un complemento comunicacional más de la
política empresarial, pero no del desarrollo del entorno o del aumento de las ventajas competitivas de la misma.
Igualmente, en la actualidad, los países de la región, están adelantándose en la regulación de la RSE, de manera discreta, en diversas leyes puntuales, por lo cual, es preferible adelantarse a las
regulaciones en materia de Responsabilidad Social Empresarial antes que las
mismas sean impuestas de manera sorpresiva para la empresa, porque esto puede significar la pérdida de clientes y
mercado, al necesitar usar el personal en las actualizaciones legales relativas a sus deberes sociales.
La acción social aunque es buena
en nuestras sociedades no se traduce en algo que sirva en un momento determinado para el cálculo del valor de las acciones de la empresa, si esta decide internacionalizarse. Y, puede generar un costo menor para nuestras
organizaciones latinoamericanas en el momento de asociarse con otras que sí aplican la RSE como estrategia empresarial, en mercados más exigentes.
No olvidemos que en estos tiempos
de crisis económicas globales nuestras empresas son apetecibles para mercados
desarrollados y viceversa, por lo cual, más que un gasto el presentar a la empresa con implementación
de Responsabilidad Social Empresarial es un plus que se cobra alto.
Consultora, Chile