El adagio popular sobre “dos cabezas piensan
mejor que una” no es correcto (es falso o por lo menos incompleto), ya que esto sólo es posible si ambas
piensan diferente, y logran conseguir acuerdos para avanzar.
En caso contrario,
es decir, que una cabeza sea el eco de otra (aunque se intercambien los papeles
ocasionalmente), una de ellas estará de más por innecesaria (y la reafirmación
del ego, no es una causa que le interese a la empresa).
Pero, entiéndase que las decisiones deben
caer definitivamente sobre una sola persona, el líder o el gerente encargado
del área, sin embargo, la formación de la decisión y su ejecución depende
enteramente de un grupo.
Por ello, un líder eficiente debe poder tener
una visión amplia sobre el problema o sobre el ejercicio de la actividad para
estar en capacidad de tomar una decisión acertada.
Y esto sólo se logra por medio de la
interacción con una diversidad de personas que conocen del área o que trabajan
en la misma. Es la necesidad de tener un equipo de asesores, los cuales deberían
ser diferentes al equipo de trabajo diario (aunque siempre es importante, tener
al menos uno o dos, que si pertenezcan a este último).
Un vicio común de los equipos, es hacerse
(escoger a sus miembros) por su cercanía de creencias o visiones particulares, perdiendo
parte de la necesaria diversidad.
También es importante que el líder que los promueve, no intimide a quien difiere o piense diferente, ya que a la segunda
vez que se crea estimule esta conducta, inmediatamente todos los dependientes
de este, dejaran de dar aportes que puedan incomodar al “jefe”. Esta es otra
causa que hace necesario incluir en estos grupos de toma de decisiones, a
personal ajeno a los subordinados del área.
Reunir a un grupo de ingenieros, diseñadores,
médicos o abogados, creará siempre los mismos tipos de resultados, mientras,
que mezclarlos no sólo por profesiones, sino orígenes, género, creencias
religiosas, e incluso forma de vida (el deportista, el sedentario, el creativo,
el formal, el mayor, el joven, etc), puede crear sinergias interesantes, sobre
todo si se lograr enfocar una meta u objetivo mayor al grupo, y por el cual, se
evaluará a este.
No se está hablando de un grupo como cabeza
del área, sino como medio para permitir al líder o gerente la toma de
decisiones más certera e informada. Y
ello es posible si el objetivo del grupo existe, y no es una reunión de
pareceres. Es decir, el grupo se puede crear para evaluar una mejora a los
procesos, un aumento de la motivación, el lanzamiento de un nuevo producto,
entre otros aspectos concretos.
Igualmente, un equipo una vez cumplido su
objetivo, debe inmediatamente seleccionar otro y renovar a sus integrantes, ya
que si no se renueva o se cambia por medio de la alternancia a sus miembros, será
un grupo que envejece, que no logra conseguir nuevas o diferentes visiones de
una realidad cambiante.
Por ello, siempre se debe escoger para el grupo a quien
logre mantener sus criterios y diferencias, además de respetárselas, aunque sea
minoritaria (o incluso, precisamente por serlo). Y por supuesto, siempre y
cuando el líder sepa aprovechar esta cantera de ideas, y las estimule, se
estaré frente a un grupo de trabajo rumbo al éxito.
Fernando Fuentes Pinzón
@emprendovzla